Orlando Rangel Yustiz: Manual USA para derrocar gobiernos (V) Venezuela: la apuesta dura del golpe blando

Orlando Rangel YustizAVN/ Los tentáculos del Albert Einstein Institution (AEI) tienen presencia efectiva no sólo en Europa, Medio Oriente y África. Bajo la dirección de Gene Sharp y sus aliados (Robert “Bob” Helvey, Srdja Popovic, Ausama Monajed, Jamila Raqib), esta subsidiaria de la CIA se extiende por América Latina desde hace más de una década, y en particular sobre la costa del Caribe, donde están Venezuela y su Revolución Bolivariana.

El miércoles 27 de febrero de 2013, Vanessa Eisig, integrante del movimiento Juventud Activa Venezuela Unida (JAVU), creado hace seis años bajo el modelo de Otpor (Canvas), declaró a la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) sobre la participación directa del AEI, Sharp y Canvas en las estrategias que ese grupo adelanta para boicotear la marcha del país y corroer la legitimidad del Gobierno Bolivariano.

“Nuestro movimiento proviene de Otpor, que nació en Serbia, donde uno de los fundadores fue Gene Sharp. A Julio César Rivas, presidente fundador de JAVU, le llamó la atención ese movimiento, la resistencia no violenta, y así nos creamos”, explicó Eisig, quien detalló que las asesorías son dirigidas a través de correos electrónicos, porque a los venezolanos les resulta “complicado el idioma y vivir en Serbia”.

Julio César Rivas es coordinador nacional de Nuevas Generaciones del partido de derecha Proyecto Venezuela y diputado al Consejo Legislativo del estado Carabobo. En mayo de 2011, el partido noruego Høyre, de corte radicalmente neoliberal, le entregó a Rivas un cheque por 50.000 euros por su “valiosa contribución a la defensa de los derechos humanos y la democracia”.

Entrevistada por AVN en el transcurso de una acción “no violenta” (el cierre forzoso de la principal avenida del este capitalino) realizada por JAVU en el municipio Chacao de Caracas, Eisig no tuvo empacho en hablar de los “planes estratégicos” para desconocer al Gobierno venezolano, o sobre el interés por Venezuela que manifiestan el AEI (Sharp) desde Boston y Canvas (Popovic) en Serbia.

“Sharp siempre se ha mantenido sumamente interesado en las actividades que realizamos (…) Últimamente se ha puesto en contacto con nosotros la fundación Canvas, que vendría siendo el centro de la resistencia no violenta a nivel internacional; son ellos los que estuvieron en la resistencia árabe, por ejemplo. Lo que nos identifica es la imagen del puño. Aquí es blanco porque es el clásico, pero en otros países le ponen los colores de su bandera. Ese puño es signo de resistencia y de burla al socialismo”, declaró esta futura comunicadora social de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), cuya misma ocupación se atiene al manual de Sharp, donde se insta a reclutar “jóvenes, preferiblemente estudiantes”.

Eisig explicó cómo esos “movimientos estudiantiles” implementaron y articularon las estrategias diseñadas por Sharp y Canvas para, por ejemplo, activar en Venezuela acciones desestabilizadoras durante los primeros meses de 2013.

“Todo el carnaval lo pasamos planeando qué íbamos a hacer. Los miembros de JAVU, del Movimiento 13 de Marzo (de la Universidad de Los Andes en Mérida), Liberación 23, Operación Libertad y Ana Karina García, de la UCAB, nos conocemos de diferentes luchas. Nos pusimos de acuerdo, nos reunimos en Caracas y planificamos”, contó Eisig, quien incluso agradeció el apoyo del alcalde metropolitano Antonio Ledezma, así como de Diego Arria, quien fuera precandidato presidencial en las primarias de la Mesa de la Unidad (MUD), y de los medios de comunicación privados. “Los medios nos han ayudado en días y años anteriores”.

El 16 de febrero de 2013, una semana antes de las declaraciones de Eisig a AVN, 73 documentos filtrados por Wikileaks revelaban que Canvas actúa en Venezuela al menos desde 2006. En el entretiempo, según consta allí, no sólo ha “utilizado de forma preferente a estudiantes” como punta de lanza de la derecha en el intento de desestabilizar el país, sino que llegó a diseñar la campaña opositora para las elecciones parlamentarias de 2010.

Los cables difundidos por Wikileaks apenas revelan una parte de la injerencia más reciente contra Venezuela, la cual arreció desde antes del golpe de Estado de abril 2002.

¿No-violencia?

JAVU y otros grupos similares, genéricamente conocidos en Venezuela como “manos blancas”, han sido los organizadores de acciones que, como las llamadas “guarimbas” (protestas callejeras violentas, con cierre de vías) o la más reciente “Operación Soberanía”, se publicitan como “pacíficas” pero incitan directamente a la violencia y tienen por fin último la desestabilización.

Las organizaciones que así ponen en práctica las teorías del AEI, de Stratfor y de Canvas, son fuerzas de choque estrechamente vinculadas a partidos de la extrema derecha como Primero Justicia (PJ), Voluntad Popular (VP) y Proyecto Venezuela (PV), así como a Un Nuevo Tiempo (UNT). Sus actividades de calle suelen realizarse en los municipios Chacao, Sucre, Baruta y otros puntos del estado Miranda gobernados por VP y PJ, donde invariablemente cuentan con el apoyo o beneplácito de las respectivas policías municipales al cerrar el paso en vías públicas altamente transitadas.

No pocos de los integrantes de estos grupos han acudido a los centros de adiestramiento que maneja Canvas en Europa y América Latina, donde están lejos de asimilar únicamente códigos publicitarios para captar a “jóvenes indecisos y votantes desilusionados”.

Entre las tácticas más comunes aplicadas por estos activistas figuran supuestas huelgas de hambre, de motivación muchas veces nimia, que en ocasiones llegan a prolongarse sin que, increíblemente, se produzca un solo percance de salud. Asimismo, las tomas “pacíficas” de sitios o entes públicos, incluyendo el acceso a recintos diplomáticos. Una muestra del pacifismo de esas tomas la dio, por ejemplo, la “Operación Soberanía”, puesta en práctica en momentos en que el presidente Chávez se sometía a rigurosos procedimientos médicos. El montaje escénico incluyó entonces la difusión de mensajes de odio, en panfletos y mediante pintas en las calles, como “Viva el cáncer” o “Muerto el tirano, vamos por sus gusanos”, que abiertamente buscaban provocar la respuesta de un pueblo enardecido.

Sus operaciones reciben amplia cobertura mediática y auspicio franco de voceros de la derecha nacional e internacional. En 2011, a raíz de una de sus huelgas de hambre, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, instó a tomar acciones contra el Gobierno de Venezuela y expresó su preocupación “por la salud y bienestar de los estudiantes que están arriesgando su vida por su fe en la gobernabilidad democrática y las libertades individuales”.

Otro ejemplo del accionar de JAVU se dio el 16 de mayo de 2013 en la torre El Chorro, en Caracas, donde 200 niños y niñas de preescolar, primero, segundo y tercer grado participaban con sus trabajos en una exposición sobre robótica. Sin detenerse en el terror que generaban entre los menores, los activistas de JAVU irrumpieron a la fuerza y agredieron a los organizadores que intentaron contenerlos.

A la cabeza del grupo estaba Daniel Álvarez, presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar. Interrogado por AVN, aseguró: “Esta es una lucha pacífica, no violenta, con características venezolanas y sobre todo universitarias, que respeta el pacifismo, las leyes y el orden público”.

Tampoco Álvarez negó su conocimiento de las teorías de Gene Sharp: “Sí, nos hemos nutrido con las luchas no violentas, no sólo las serbias, también de Túnez, Egipto… te puedo hablar, incluso, de lo que era la antigua cortina de hierro (…) Ha habido un entendimiento de toda la dinámica de lucha a nivel internacional, y sobre todo la nacional”.

Manual de amenaza latente

Todas esas acciones se fundamentan en los 198 métodos de desestabilización que expone Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia. Un sistema conceptual para la liberación, y los cuales clasifica en tres grandes categorías: protesta y persuasión, no cooperación, e intervención no violenta.

Sobre la primera (que agrupa 54 tipos de acciones), Sharp dice que la constituyen “mayormente manifestaciones simbólicas, que incluyen desfiles, marchas y vigilias”. La “no cooperación” abarca tres sub-categorías: “a) no cooperación social (16 métodos); b) no cooperación económica, como el boicot, el desabastecimiento, la especulación (26 métodos) y las huelgas (23 métodos); y c) no cooperación política (38 métodos)”.

La “intervención no violenta” opera, según Sharp, “mediante procedimientos psicológicos, sociales, económicos o políticos, tales como el ayuno (huelga de hambre), la ocupación no violenta y el gobierno paralelo (41 métodos)”.

Sharp enfatiza en la necesidad del apoyo mediático, en la importancia de contar con “difusores vitales para generar, en la población y en los mass media, un escenario favorable para manipular la realidad del país, empujarlo hacia su propio desastre y concretar la conspiración”.

“Si puedes identificar las fuentes del poder de un Gobierno, como la legitimidad, el apoyo popular, el apoyo institucional, entonces sabrás de qué depende la existencia de ese Gobierno. Y puesto que esas fuentes de poder dependen de la buena voluntad, la cooperación y la obediencia de la gente y las instituciones, tu trabajo es bastante sencillo: sólo tienes que reducir ese apoyo, esa legitimidad, esa obediencia, y el régimen quedará debilitado. Si eliminas esas fuentes de poder, el régimen caerá”, subraya el tres veces nominado al Nobel de la Paz, Gene Sharp.

Descargar tu arrechera

Tras las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013, negado a admitir su derrota electoral, el candidato Henrique Capriles llamó a desconocer los poderes del Estado, tal como se había hecho en abril de 2002. Incluso, intentó crear un gobierno paralelo.

Ese domingo, Capriles escribió en Twitter: “Mis queridos estudiantes, es la hora de ustedes, tal como hablamos y acordamos en todo el país”. El lunes 15 de abril fue todavía más directo e hizo por televisión, en vivo, un llamado: “A expresar la rabia, la frustración (…) Descarguen toda esa arrechera en nombre de la paz”. A los pocos momentos se desató la violencia: 15 personas (todas vinculadas al chavismo) fueron asesinadas y más de 80 resultaron heridas, en medio de furiosos asediados contra centros de salud y abastos de la red pública de distribución de alimentos.

Días después se pudo saber que algunos grupos de choque eran pagados por el estadounidense Timothy Hallet Tracy, quien, bajo la cobertura de supuesto cineasta, operaba para la CIA desde el municipio Baruta del estado Miranda.

Tracy fue capturado el 24 de abril. Al día siguiente, el ministro para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, mostraba evidencias de su participación en los planes golpistas que, con el desconocimiento del resultado electoral, buscaban generar un espiral de violencia que condujera a la deslegitimación del Gobierno.

A Tracy se le incautaron más de 500 videos. En uno de ellos, el general retirado Antonio Rivero, miembro de VP, imparte órdenes a los “estudiantes” que en ese mismo momento, 15 de abril, realizan una violenta “guarimba” en el municipio Chacao del estado Miranda, y los instruye para que desarrollen sus acciones “bajo la direccionalidad de Henrique Capriles”.

En un segundo video, miembros de JAVU y Movimiento Trece, concentrados en un apartamento, hablan con desparpajo de lucro económico: de los “millones de dólares” que recibirán para activar acciones violentas en Miranda, y de 600 millones de bolívares para ejecutar la violencia en Trujillo y otros estados del país. Uno de estos “estudiantes” deja en evidencia que ya Tracy les había cancelado 100 millones para iniciar las acciones en cuatro estados.

Aliados en Miami

En la investigación de este último caso, los organismos de inteligencia identificaron entre los involucrados a Robert Alonso, un empresario cubano-venezolano, residenciado en Miami, que en su momento integró el “Plan Guarimba” y la coalición derechista “Coordinadora Democrática”, antecesora de la MUD.

Alonso es uno de los protagonistas claves del plan de magnicidio contra el presidente Chávez que se develó el 9 de mayo de 2004. Ese día, en un fundo de su propiedad ubicado en el estado Miranda, la hacienda Daktari, fueron capturados 153 paramilitares colombianos que habían sido contratados y trasladados a territorio nacional para asesinar al mandatario venezolano.

De acuerdo con declaraciones de Rafael García, ex director de Informática del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia, Alonso fue el enlace en Venezuela para que los paramilitares, ligados al Gobierno de Álvaro Uribe, entrarán infiltrados al país con el apoyo del entonces director del DAS, Jorge Noguera.

Alonso es otro que se define como “promotor de la resistencia cívica no-violenta”. Creó el Movimiento de Resistencia Nacional de Venezuela, que ostenta en su imagen publicitaria un puño derecho alzado, similar al de Otpor. “Detrás de mí, o digamos en mi grupo, hay gente especializada en la materia. Y tenemos, además, la asesoría de personajes internacionales que se han dedicado por años a estudiar el comportamiento de los pueblos, como politólogos y sociólogos. Te puedo mencionar a uno de ellos: el Dr. Gene Sharp”, admite. Y continúa: “No creo que haya un solo venezolano que le pueda discutir algo al Dr. Gene Sharp en materia de resistencia cívica, vamos a estar claros. El resto es secreto”.

En Miami también opera la Organización de Venezolanos en el Exilio (ORVEX), hoy vinculada a JAVU. Fundada el 11 de abril de 2005, en conmemoración de los tres años del golpe de Estado contra el presidente Chávez, se autodefine como un “proyecto que busca socavar las bases del poder”.

En una nota de prensa del 9 de agosto de 2010, Elio Aponte, su presidente, aseguraba que esa organización “creó el proyecto No Violencia Para Venezuela el 4 de agosto de 2006 (…), que busca socavar las bases del poder de Hugo Chávez y su Gobierno mediante la lucha no violenta, la cual consiste en desafiar y resistir hasta lograr los cambios políticos deseados”.

Bob también estuvo aquí

El 30 de abril de 2003, en un reportaje de la agencia de noticias Reuters, el periodista Pascal Fletcher revela que ya por esos años uno de los socios de Sharp operaba en Venezuela, donde la derecha había ejecutado el 11 de abril de 2002 un golpe de Estado, seis meses después intentó un golpe petrolero (diciembre 2002 – febrero 2003) y desarrollaba acciones de desestabilización como las llamadas “guarimbas”.

“Experto en democracia de EEUU enseña a la oposición venezolana”, se tituló el reportaje de Fletcher. El experto era Robert Helvey, el coronel “Bob”, especialista en acciones clandestinas del AEI. The Big Brother (El Gran Hermano).

“Invitado por adversarios del presidente Hugo Chávez (…) está impartiendo cursos de tácticas no violentas esta semana en una universidad (privada) en el este de Caracas”, dice allí sobre Helvey, “un ex agregado militar en Myanmar (antes Birmania) y quien es ahora consultor en el instituto privado estadounidense Albert Einstein”.

“El misterio rodea las clases. Un aviso en la puerta, aparentemente con la finalidad de alejar a los curiosos, dice ‘Seminario sobre mercadeo estratégico’. Pero la estrategia que Helvey comparte con un grupo de opositores a Chávez en un salón de conferencias a puertas cerradas en la universidad, no se refiere precisamente a hojas de balances, sino al negocio de cómo resistir, oponerse y salir de un Gobierno sin usar bombas y balas”.

El periodista, quien logró estar presente en aquel seminario, comenta que los organizadores habían prohibido la entrada de la prensa y que entre los participantes estaban “representantes de la amplia pero fragmentada oposición venezolana, que lucha por reagruparse después de haber fracasado en forzar la renuncia de Chávez con un paro de dos meses que levantaron a comienzos de febrero”.

Por su parte, el periodista francés Thierry Meyssan denunció en 2005, en su investigación sobre los golpes de Estado “blandos”, que Sharp aconsejó a dueños de empresas privadas venezolanas y a dirigentes de Súmate (organización entonces coordinada por la actual diputada de ultraderecha María Corina Machado) con miras al referéndum revocatorio presidencial del 15 de agosto de 2004. Fue así como Súmate inició una campaña para desconocer el Poder Electoral, impulsar una matriz de opinión sobre un supuesto fraude electoral y exigir la salida del presidente Chávez.

El 2 de marzo de 2006, la abogada e investigadora estadounidense-venezolana Eva Golinger publicó un artículo, titulado “Hay que limpiar la casa. La guerra asimétrica contra Venezuela: sabotajes e infiltraciones y decisiones equivocadas”, en el que reseña un informe del AEI sobre una reunión que tuvo su presidente, Gene Sharp, con un grupo de venezolanos de poder económico.

Parte del informe expone: “Los venezolanos en contra del presidente Chávez se reunieron con Gene Sharp y otros miembros del instituto para hablar sobre la situación en su país. También discutieron opciones para adelantar su causa (…) Invitaron a los asesores del instituto a Caracas durante un periodo de nueve días. Los asesores fueron Robert Helvey y Chris Miller, quienes estuvieron en Caracas con miembros de la oposición venezolana. (…) Ofensiva Ciudadana, un grupo en Venezuela, pidió y organizó un taller con Robert Helvey sobre teoría, aplicación y planificación para la lucha estratégica”.

Golinger informa sobre los vínculos de Helvey con John Negroponte, Donald Rumsfeld y Otto Reich, altos funcionarios del entonces presidente norteamericano George W. Bush.

Es dentro de esa red conspirativa que surge una “misión especial” de la CIA para supervisar actividades de inteligencia en Cuba y Venezuela. La información la dio a conocer el entonces director nacional de inteligencia de EEUU, John Negroponte, el 18 de agosto de 2006, tres meses antes de las elecciones presidenciales previstas para ese año en Venezuela.

En junio de 2007, el presidente Chávez denunció las actividades conspirativas del gobierno de EEUU, a través de la CIA, el AEI, la NED y USAID, para sustituir ilegítimamente al Gobierno venezolano por uno sumiso a la Casa Blanca. Explicó que, bajo el disfraz de “no violenta” y “pacífica”, la conspiración buscaba, de manera sistemática, incendiar las calles y desestabilizar el país.

En respuesta, Sharp escribió una carta abierta a Chávez, el 12 de junio de 2007, para alegar que había dado “información inexacta” sobre el trabajo del AEI y sobre su persona. Sharp incluso le sugirió a Chávez que sus tácticas también podían ser usadas para defender la estabilidad del Gobierno.

Cuatro años más tarde, en 2011, en el documental How to Start a Revolution (Cómo empezar una revolución), la directora ejecutiva del AEI y principal asistente de Sharp, Jamila Raqib, hizo referencia a aquellas declaraciones de Chávez: “Ser considerados una amenaza por un tirano es un orgullo: significa que somos eficaces, que somos relevantes”.

Preferiblemente estudiantes

Las investigaciones reflejan que la presencia del AEI en Venezuela se remonta más allá del golpe de Estado de abril de 2002. Entre ese año y 2006, efectivos del AEI actuaron en el país, especialmente en la formación de representantes de organizaciones como Súmate, así como durante las manifestaciones de agosto de 2004 y en la organización de la “Operación Guarimba”.

Un informe publicado por Strategic Forecasting -Stratfor, empresa estadounidense dedicada al espionaje y señalada como una versión, incluso una fachada privada, de la CIA- demuestra que los llamados “líderes estudiantiles” venezolanos viajaron a Belgrado en 2005 para reunirse con representantes de Otpor, actual Canvas, organismo aliado del AEI en Europa.

En un trabajo titulado: “El golpe dirigido por Washington”, y publicado el 10 de febrero de 2009, Eva Golinger explica cómo el AEI, Sharp y la red de fundaciones constituida por la NED, USAID y otras, “utilizan a estudiantes y jóvenes para derrocar gobiernos”.

“Con la salida de Yon Goicoechea del movimiento estudiantil, estos grupos vieron la necesidad de entrenar nuevas caras, y fueron enviados cuatro estudiantes venezolanos a Belgrado (Serbia) para recibir un entrenamiento intensivo con los expertos de Otpor (Canvas). Ronel Gaglio (Universidad Monte Ávila), Geraldine Álvarez (UCAB), Rodrigo Diamanti (UCAB) y Eliza Totaro (UCAB) fueron seleccionados para ir en octubre de 2007, a pocos meses del referéndum nacional sobre la reforma constitucional”, escribió Golinger.

En el documental Nuevas caras: el mismo objetivo, dirigido por David Segarra y transmitido por Telesur en 2007, Ronel Gaglio relata que fueron a Serbia para pedir consejos a los miembros de Otpor. “Estuvimos allá porque queríamos tener el contacto con ellos y hablar con una persona que ya pasó por lo de nosotros, y decirle: ‘mira, yo tengo esta situación, no sé qué hacer, ayúdame”.

También cuenta que durante su estadía en Europa recibieron apoyo del Partido Popular, de José María Aznar, en España; de la juventud del partido de Silvio Berlusconi, en Italia; de representantes de la derecha en el Parlamento Europeo, y del cardenal Renato Martino, en El Vaticano.

Golinger explica que mientras los activistas entrenados por las agencias de Washington ensayaban sus técnicas de golpe blando en las calles, Freedom House, la NED, IRI, NDI y la USAID aumentaban el financiamiento a varias ONG y partidos políticos locales. La lista incluye a Súmate, Ciudadanía Activa, Sinergia, Cedice, Liderazgo y Visión, Radar de los Barrios, Acción Campesina, Cesap, Consorcio Justicia, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática y Copei.

Estrategia a la carta

El 16 de febrero de 2013, al dar a conocer 73 correos electrónicos de The Global Intelligence Files, Wikileaks revela cómo las empresas Stratfor y Canvas le trazaron una ruta a la derecha para derrocar a Chávez, en la que se preveía la utilización de estudiantes.

Stratfor realizó labores de espionaje en Venezuela. La información recabada le permitió a Canvas elaborar, para la oposición venezolana, un plan dirigido a desestabilizar el país por la vía de la “no violencia”.

Uno de los informes divulgados por Wikileaks, “Análisis de la situación en Venezuela”, elaborado por Canvas en enero de 2010, propone una estrategia que copia la experiencia de Otpor en el derrocamiento de Slodoban Milosevich en Serbia. Para ese año, en medio de la campaña electoral parlamentaria, aconsejó definir una “lista de temas con potencial para ser explotados” y utilizar para ello “a la juventud”, como ya se había hecho en 2007. Uno de los temas planteados era la crisis eléctrica, pues por entonces la sequía afectaba el sistema hidroeléctrico. Las represas llegaron a niveles por debajo del mínimo histórico.

El 14 de enero de 2010, Karen Hooper, analista de Stratfor para América Latina, escribió en un correo electrónico revelado por Wikileaks: “Parece que el colapso eléctrico podría ser una buena excusa para llamar a una emergencia nacional. Muy interesante”.

Dos semanas después, el 28 de enero, estudiantes de las universidad Central de Venezuela, Católica Andrés Bello, Simón Bolívar, Santa María y Monte Ávila, entregaban en la sede de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), en Caracas, un documento en el cual exigían el cese del racionamiento.

Acto seguido, se activaron protestas en varias ciudades del país, sobre todo en municipios gobernados por la derecha: Mérida, cuyo alcalde era Léster Rodríguez, del partido Copei; Lecherías, estado Anzoátegui, dirigido por Víctor Figueredo, de Proyecto Venezuela; Valencia, estado Carabobo, gobernado en 2010 por Henrique Salas Feo, de Proyecto Venezuela; y Barquisimeto, Lara, entidad gobernada por Henri Falcón, quien a inicios de 2010 abandonó el Partido Socialista Unido de Venezuela y para las elecciones presidenciales de abril de 2013 fue el jefe de la campaña de Capriles.

El 2 de febrero del 2010, Hooper escribió en otro e-mail: “La Iglesia y los estudiantes están actualmente encuestados en Venezuela como fiables y populares, por encima de los partidos de la oposición (…) muy similar a lo que ocurrió en Serbia. El siguiente paso es reunirlos (…) en un funeral, una reunión, cualquier cosa. Es el siguiente paso clave”.

Sin tregua

El interés de Estados Unidos por apoderarse de los recursos y del control político del país sigue latente.

El 20 de febrero de 2013, la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, manifestó el interés de su Gobierno en que se dé “una transición” en Venezuela. Ocho días después (28 de febrero), la jefa del Departamento de Estado para Latinoamérica, Roberta Jacobson, reiteró que, en el caso de Venezuela, “Estados Unidos tiene un papel que representar (…) esperamos poder ayudar en formas más concretas”.

El 5 de marzo, horas antes de la partida física del máximo dirigente bolivariano, Hugo Chávez, Venezuela expulsó al agregado aéreo de Estados Unidos, David Del Mónaco, tras descubrir que adelantaba planes conspirativos.

El 30 de septiembre fueron expulsados la encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela, Kelly Keiderling, y otros dos funcionarios de su embajada, al develarse su participación en reuniones en las que se organizaban planes de sabotaje eléctrico y económico contra Venezuela.

Si bien ni el AEI ni sus instituciones aliadas pueden, por sí mismas, tumbar gobiernos o imponer sistemas políticos, es claro que su trabajo los convierte en algo más que cómplices necesarios. Gene Sharp y el AEI se han convertido en la plataforma perfecta para respaldar las políticas injerencistas de la Casa Blanca con una estrategia adaptada a los nuevos tiempos: la de los “golpes blandos”, que aparentan surgir “espontáneamente” allí donde un Gobierno, por la razón que sea, no resulta cómodo para los intereses de Washington.

Así, “la no-violencia” crea la escenografía para llevar a cabo la sustitución ilegítima de un sistema político. Abundan los ejemplos. Entre lo más recientes, Siria, un país vital para el control hegemónico de EEUU en Oriente Medio, y donde desde hace varios años se aplican con rigor las teorías de Sharp.

Venezuela, con 14 años de Revolución Bolivariana, sigue bajo la amenaza latente de las tácticas “no-violentas”: verdaderas armas de guerra, como las califica el propio Sharp, entre las que figuran el boicot económico, el desabastecimiento, el caos generalizado y el complot mediático.

La Casa Blanca se mantiene atenta. Las evidencias ya están sobre la mesa, y Sharp y sus aliados, sin caretas, se demuestran siempre preparados para servir a sus jefes una conspiración “lista para llevar”.

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